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jueves, 1 de octubre de 2015

Donde dije digo...



Lo más maravilloso de ser padre (o madre) por primera vez es que todos partimos desde 0, no importa las carreras que hayas hecho, los sobrinos que tengas, los hermanos que hayas tenido o cuan buenos hayan sido tus padres, cuando llega el momento te enfrentas cada día a desafíos que no imaginabas y que, por supuesto, normalmente no pensabas que ibas a resolver de la manera que finalmente lo haces. Este post va dedicado a todas esas frases lapidarias que una vez dijimos y que, por suerte, Dios ha decidido no tener en cuenta por nuestra pura inocencia al decirlas. Ahí van un buen puñado de juramento pre-paternidad:

- Mi hij@ dormirá en su cuna, nunca dormirá en nuestra cama, aunque llore.
- Mi hij@ se tendrá que acostumbrar a dormirse solo, no pienso dormirle en brazos porque luego se acostumbra.
- Mi hij@ se tendrá que acabar toda la comida del plato, sino no se levanta como me llamo Juanito
- Jamás permitiré a mi hij@ mear en la calle y mucho menos lo otro
- Nunca llevaré a mis hij@s al MacDonalds, Burguer King o KFC, por encima de mi cadaver.
- Juro por lo más sagrado que las salchichas no serán la base de la alimentación de mis hijos
- Mis hij@s comerán como minimo 5 piezas de fruta o verdura al día
- Jamás permitiré a mi hij@ ponerse un piercing y mucho menos un tatuaje
- No le compraré un móvil a mi hij@ hasta que cumpla los 16 como mínimo
- No permitiré que mi hij@ se enganche a las consolas
- Nunca dejaré a mi hij@ montarme un berrinche en el autobús o en un sitio público
- No permitiré a mi hij@ comer o cenar viendo la tele
- Nunca le limpiaré a mi hij@ la cara con un poco se saliva
- No permitiré a mi hijo comerse las uñas de los pies, y mucho menos los mocos.
- Cuando entre en una tienda mi hij@ vendrá cogido de mi mano, sino se queda en casa
- Yo no seré de esos padres que pierden a su hij@ en un centro comercial
- No permitiré a mis hij@s pintar en las paredes de casa
- Yo no seré de esos padres que le dan el móvil al niño para que no de guerra
- Mi hij@ verá la tele como mucho una hora al día
- Mi hij@ tendrá que entender que yo necesito mi espacio (juas, esta es una de las mejores de todas)
- Si mi hij@ se hace del equipo rival le echo de casa (esto en mi caso sigue siendo verdad :))
- Y la última, jamás me olvidaré de recoger a mi hij@ en el cole o la guardería


Si os habéis visto reflejados en al menos 5 de estas frases no os preocupéis, eso sólo significa que sois seres humanos y si alguien os recuerda vuestros juramentos justo en el momento en el que los rompéis podéis utilizar aquel magnífico argumento de Groucho Marx que decía: " si no te gustan mis principios, no importa, tengo otros"

domingo, 3 de mayo de 2015

Super mamás



El 2 de abril fui padre por segunda vez, en esta ocasión en el Reino Unido. En este post voy a decir cosas que probablemente son obvias para muchos pero que quizá el devenir de nuestra sociedad nos hacen olvidar en ocasiones.

En primer lugar he de mencionar que, como esperaba, la sanidad británica es, en muchos aspectos, excepcional. Quizá el dato más relevante para lo que voy a escribir se refiere al enfoque familiar que le dan a un parto de manera que en ningún momento, salvo problema grave, separan a los miembros de la familia. Estuve el 99% del tiempo con mi mujer y cuando salí lo hice de forma voluntaria. Una vez nació mi hijo no lo separaron de nuestro lado ni un momento y así continuó el resto de días en el hospital. Además, mi otra hija pudo visitar a su hermano desde el primer día durante prácticamente todo el día. La sanidad española es excepcional pero es cierto que deja en un segundo plano el papel del padre en muchos momentos del proceso.

Dicho esto, y como hombre, cuando vives un parto (y también un embarazo) de principio a fin te sirve para darte cuenta de que el papel del hombre en todo esto es prácticamente irrelevante. La evolución y la inteligencia nos ha llevado a formar una sociedad, ser eminentemente monógamos y establecer familias pero está claro que nuestra apuesta (la del hombre) en el proceso es mínima. Una mujer, cuando decide ser madre, hipoteca su cuerpo, su estado de ánimo, su bienestar durante nueve meses sabiendo casi a ciencia cierta que al final será de por vida. En el parto mismo sufre durante horas, unos dolores tan intensos que al menos yo no aguantaría ni 30 segundos y después de dar a luz, en muchos casos, se pasan meses alimentando de su propio pecho al bebé. Esto sin contar la hipoteca social que supone abandonar tu trabajo durante 4 meses sin saber qué te vas a encontrar a la vuelta.

En mi profesión se utiliza una metodología de desarrollo que se llama SCRUM, en esta metodología se utiliza mucho una introducción para explicar lo que es el compromiso:
Una gallina le dice a un cerdo: Eh, ¿por qué no montamos un restaurante?
El cerdo le responde: Me parece bien, ¿qué nombre le ponemos?
A lo que la gallina contesta:  ¿Qué te parece “Huevos con jamón”?
Y el cerdo le replica: No me gusta. Tú sólo estarías involucrada mientras que yo estaría comprometido
Si llevamos esto a nuestra sociedad está claro que los hombres estamos involucrados y en ocasiones poco y realmente son las mujeres las que están comprometidas en la creación de las familias. Sin ellas, nada de los que conocemos como sociedad moderna existiría y todas las leyes de conciliación de vida laboral y familiar deberían estar especialmente orientadas en valorar como merece su mayor compromiso social, aunque esto suponga a veces una menor presencia laboral, que no por ello menor compromiso.
Sirva esta reflexión como señal de mi admiración hacia las madres, hacia todas, pero en especial la mía que supo crear la base de una familia excepcional y a la de mis hijos gracias a cuyo compromiso tengo 2 hijos preciosos y he vivido en estos años, los momentos más bonitos de mi vida.

sábado, 21 de febrero de 2015

San Miguel, donde va triunfa



A veces me pregunto que diría mi padre si le dijera que me voy un año con toda la familia a Inglaterra, "Estás loco", diría, "no hagas tonterías", pero dejaría entrever una sonrisa como diciendo, "que narices tiene este chaval", la misma que pongo yo cuando mi hija se muerde las uñas de los píes o se quiere tirar desde el trampolín de 5 metros de la piscina... genética quizá.

Mi padre era un hombre prudente, huérfano de madre, criado por sus hermanas en un pueblo pequeño de León, estudiante del seminario de Astorga, profesor, católico... pero con vocación de aventurero. Los padres de nuestra generación estamos muy acostumbrados a "tener nuestro espacio", reservarnos nuestro tiempo y privacidad aparte de nuestros hijos. Mi padre no parecía tener esa idea, diseñó su mundo alrededor de nosotros y no pretendió hacernos a su imagen y semejanza, o al menos no del todo. Así salió el asunto que cada uno vota a un partido, ha estudiado una cosa diferente y vive en un sitio diferente pero mantiene una idea sobre las demás, la familia, ya sea la original o la que estamos formando cada uno, es lo primero.