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lunes, 26 de mayo de 2014

Tristeza suprema


optimismo.
(De óptimo).
1. m. Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.
2. m. Doctrina filosófica que atribuye al universo la mayor perfección posible.


Ir a ver la vuelta del Atleti-Barça de la Champions al Calderón sin vivir en Madrid se puede considerar optimismo, reservar un hotel en Lisboa 1 mes antes de la final se puede considerar optimismo, convencer a mi hermano para ir a Lisboa a pesar de que unas horas antes se había confirmado que no habría pantallas gigantes para ver el partido se puede considerar optimismo... perder como perdimos con el Madrid el sábado es el realismo más absoluto, que nos empataran en el 92:30, en cambio, es crueldad, es de una crueldad tal que los aficionados del Madrid sintieron lástima, la mayoría de ellos ni siquiera se ensañaron por las calles de Lisboa, la mayoría de ellos parecen tener una neurona más, al menos, que su estrella, que ganando 3-1 marcó un gol y debió creer que la final la había ganado él. Lo siguiente, lo siguiente a todo eso fue tristeza, orgullo sí, pero sobre todo tristeza, la tristeza del ciclista escapado 164 kms y adelantado en la línea de meta por el mejor ciclista del pelotón, la tristeza del que le queda un número para cantar bingo y lo canta el de al lado, la tristeza del que saca 4,95 en un examen, la tristeza del que se le estropea el coche a 2 metros de la meta.

lunes, 19 de mayo de 2014

Lo imposible



Los que leen habitualmente este blog de fútbol, epitafios, cine y sobre todo, sentimientos estarían esperando mi nueva entrada a raíz del título de Liga. Se ha hecho esperar, porque la vida no es sólo fútbol, la vida es mucho más aunque este juego nos recuerde en ocasiones que estamos muy vivos.

Si estuviéramos en la España franquista podríamos pensar que lo que ocurrió el sábado fue una manipulación del gobiernos para transmitir la educación del esfuerzo a la sociedad, de que el que se esfuerza lo consigue, en una época de crisis profunda que ha mantenido a nuestro país a la deriva. Nada más lejos de la realidad, lo que pasó el sábado simplemente nos recuerda que no todo se compra con dinero, que, más que el esfuerzo, lo que mueve el mundo es la fé. Que no vale de nada tener la mejor técnica, correr más rápido o pegarle más fuerte. Si hay otro que tenga más fe que tú es posible que te gane. Eso sí esto no pasa a menudo, concretamente viene pasando cada 18 años.