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sábado, 21 de febrero de 2015

San Miguel, donde va triunfa



A veces me pregunto que diría mi padre si le dijera que me voy un año con toda la familia a Inglaterra, "Estás loco", diría, "no hagas tonterías", pero dejaría entrever una sonrisa como diciendo, "que narices tiene este chaval", la misma que pongo yo cuando mi hija se muerde las uñas de los píes o se quiere tirar desde el trampolín de 5 metros de la piscina... genética quizá.

Mi padre era un hombre prudente, huérfano de madre, criado por sus hermanas en un pueblo pequeño de León, estudiante del seminario de Astorga, profesor, católico... pero con vocación de aventurero. Los padres de nuestra generación estamos muy acostumbrados a "tener nuestro espacio", reservarnos nuestro tiempo y privacidad aparte de nuestros hijos. Mi padre no parecía tener esa idea, diseñó su mundo alrededor de nosotros y no pretendió hacernos a su imagen y semejanza, o al menos no del todo. Así salió el asunto que cada uno vota a un partido, ha estudiado una cosa diferente y vive en un sitio diferente pero mantiene una idea sobre las demás, la familia, ya sea la original o la que estamos formando cada uno, es lo primero.