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miércoles, 30 de abril de 2014

Believe




Hoy en el trabajo, mientras tomaba un café, el tema de conversación fue el fútbol. Una compañera preguntaba como había gente que vive con tanta pasión este deporte. Mi explicación era sencilla, normalmente, en la relación con tus padres, no hay demasiadas cosas que creen un lazo fuerte, aparte de la propiamente familiar. El fútbol es una de ellas, el fútbol no entiende ni de edad, ni de religión, ni de política. El fútbol no necesita ni siquiera de lenguaje oral, un padre y un hijo pueden ver un partido juntos, a veces sin cruzar palabra pero sabiendo que sus deseos viven juntos, que su pasión es común. Nunca he entendido a esos hijos que se hacen del equipo contrario a su padre por rebeldía, quizá nunca lo he entendido porque soy del Atleti, como mi padre, como todos mis hermanos y obviamente como mi hija. Hoy he visto parte del partido sólo, en un bar, cualquiera podría pensar que es una situación triste, pero no lo era, quizá no hay cosa más feliz que saber que hay un montón de gente compartiendo tu alegría aunque no esté físicamente contigo.

jueves, 10 de abril de 2014

Y ganar, y ganar y volver a ganar


Diez y veinticinco de la noche, el Atlético de Madrid gana 1-0 desde el minuto cinco lo que le clasifica para semifinales de la Champions 40 años después. Quedan 2 minutos, Diego Ribas retiene el balón en la banda, Jordi Alba se desespera. Es entonces cuando ese escalofrío que ha subido y bajado por mi columna al menos 10 veces durante el partido se detiene en mi pecho, comienza un cosquilleo, empiezo a pestañear con mayor cadencia, como si me pudiera el sueño. Mi mente se aleja del partido, me sitúa unos segundos al pie del sofá de mi padre, viendo el mundial de Méjico, viendo el 4-5 que le metió el Atleti al Barça ni se hace cuantos años... Me viene a la cabeza Iniesta, el mismo que hoy no pudo hacer nada y hace 4 años creó una unión imborrable con la gente a la que quiero.