Mi tío el fraile



A veces la tristeza es difícil de expresar con palabras, para cubrir ese hueco están los recuerdos, las imágenes, las sonrisas. 

Hace casi 30 años mi tío Eulogio, el fraile, decidió dedicar su vida al servicio, bueno, eso ya lo había hecho, esta vez decidió ir más allá y dejar todo para irse a misiones. Se iba a Cochabamba, Bolivia, a la misión de su congregación. 

Unos días antes de irse fuimos todos, o casi todos, los sobrinos a cenar con él y acabamos tomando un chupito en el Rincón del Cura (típico sentido del humor ‘del Prado’), en el Húmedo. Mi tío era de esas personas insultantemente buenas, que procura tener una sonrisa en la cara para todo el mundo. Que igual que te decía una broma se ponía serio y te daba un consejo que no olvidabas nunca. Tanto era así que cuando nos dijo que se iba me dio bastante pena y decidí escribirle un poema que ni conservo ni recuerdo muy bien pero hace poco me dijo que él sí que lo conservaba. En aquel poema le hablaba, o eso creo, de que la distancia es psicológica, igual que lo es el tiempo y que cuando volviéramos a vernos sería como si ayer hubiéramos estado en el Rincón del Cura. 


Desde entonces nos vimos poco pero siempre nos regaló su sonrisa, su sosiego, su paz, su abrazo sincero. Yo he tenido la suerte, desde niño, de saborear los momentos como únicos, de ser consciente de que no vuelven, de que pueden ser los últimos. Recuerdo con cariño aquellas tardes maravillosas en La Nora, aquella Nochevieja q pasaste en nuestra casa, que si no me falla la memoria fue la única. Aquellas misas en el pueblo donde éramos tus monaguillos… 


Ahora, que yo también tengo una edad todo me sabe a poco, bueno, pero poco. Qué poco tiempo tenemos y a veces que poco lo valoramos. 


Este verano te abrazamos por última vez, si te soy sincero, sabiendo que siempre hay que tener presente que puede ser la última. Esto lo sé desde que perdí a mi padre, tu hermano, y a mi abuelo en el espacio de un mes.

Este veranos, como siempre, nos regalaste tu sonrisa infinita, tu abrazo profundo… Tus sabias palabras que son una combinación de experiencia pura de la vida y vision filosófica y mística. Estar contigo charlando en el sofá de tía siempre daba una tranquilidad difícil de explicar, como si el tiempo se congelara.


Hoy te has ido para siempre, espero que papá te reciba como mereces allá arriba. No hay mejor elogio cuando uno se va que decir que esa persona te hizo más féliz, tú nos hiciste más felices a todos mientras estuviste con nosotros y para eso no hay blogs, poemas o palabras para agradecerlo. Como dice la canción, sin duda, nos encontraremos de nuevo y será como si nos hubiéramos visto ayer mismo. Hasta pronto tío.


Comentarios