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lunes, 25 de diciembre de 2017

Navidades negras



Hace hoy unos 25 años el cura de nuestra parroquia me pidió que escribiera un artículo para el boletín parroquial de Navidad. Lo titulé Navidades Negras, supongo que desde siempre he tenido un espíritu ligeramente subversivo. Lo curioso del caso es que lo publicó, cosa que le honra. En aquel artículo intentaba sacudir un poco el espíritu de la Navidad de consumismo y egoísmo que nos poseen que como veis, no es nuevo, ya ocurría en los 90. 

Cuando te va bien en la vida existe una tendencia lógica, humana, en pensar que has influenciado enormemente en tu situación. Seguramente no es incorrecto del todo pero hay multitud de factores en los que no hemos tenido nada que ver como la inteligencia, aspecto físico, lugar en el que hemos nacido o los padres que nos hayan tocado. Seguramente esos cuatro factores definen más que nada en el mundo lo que somos, nuestra posición, nuestra pareja... Pero nos empeñamos en pensar que estamos en una posición acomodada gracias a nuestro esfuerzo. 

Cuando vemos a alguien pidiendo por la calle o a alguien pasándolo mal valoramos la situación desde la distancia, desde un pedestal ficticio y acabamos acomodados en el engaño, en el engaño de que nos merecemos lo que tenemos, de que hemos trabajado duro para conseguirlo y que los demás pueden conseguir lo mismo si siguen nuestros pasos... no nos damos cuenta que todo es falso, efímero y que cada mañana deberíamos dar las gracias porque puede que pasado mañana estemos en el mismo lugar de aquellos que veíamos en la distancia.

Me encanta la Navidad y aunque a veces no lo parezca soy una persona muy optimista pero en épocas tan sensibles como estas pienso en la gente para la cual la Navidad es una época para darse cuenta más que nunca de la soledad, de la gente que no está, de la pobreza... un amplificador de la tristeza en otras palabras. 

La Navidad no son regalos, mariscos y cenas de empresa, la Navidad es pasar unos días con tus padres, escucharles sus historias con paciencia, jugar con tus hijos, sin mirar el reloj, ayudar a tus hermanos, pasar tiempo con ellos, dedicar más de 30 segundos a aquellos que las van a pasar solos, invitarles a casa... la Navidad es una época de personas, de amplificar el amor por el género humano, de ser más humildes, de entender a los demás. 

Hemos convertido la Navidad en una época de estrés, consumismo y glotonería, quizá es momento de pensar un poco más en lo que realmente es la Navidad y dedicarles el tiempo que merecen a los que la hacen posible.


Feliz Navidad a todos!

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